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¿Puede el calor alimentar las filas del yihadismo?

Al término del G 20, el presidente francés afirmó que no es posible luchar contra el terrorismo si no se afronta el cambio climático de manera decisiva

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Jue, 13 Jul 2017

A algunos les pareció una afirmación inconcreta y difícilmente demostrable, pero las palabras de Macron son más coherentes de lo que parecen a primera vista y hasta hay informes que las corroboran. Afirmó el presidente francés que el terrorismo y la desigualdad están relacionados con los problemas climáticos que ha generado nuestro sistema productivo internacional, y que debemos afrontarlos de manera coherente y conjunta porque los temas de África, el desarrollo, la industria y el clima están relacionados entre sí.

Lo que hizo Macron, en cualquier caso, fue respaldar una opinión que las autoridades alemanas ya ha dejado caer en varias ocasiones. Cuando el presidente Trump decidió sacar a Estados Unidos del acuerdo climático de París la canciller Merkel afirmó que era un error que afectaba a todos. Se refirió, en concreto, al riesgo de persistentes sequías que podrían originar conflictos y hambrunas que, a su vez, provocarían nuevas oleadas migratorias hacia Europa.

Relacionarlo expresamente con el yihadismo puede deberse a que, después de los últimos atentados, el islamismo radical es uno de los problemas que más temen los franceses. Si además de colocar soldados en las calles, hay posibilidad de combatirlo por otras vías, seguro que los ciudadanos las considerarán válidas.

Pero hay otro motivo, que también se deriva de las palabras del presidente Macron y de su alusión directa en ese mismo contexto a países africanos como Chad y Niger. Son lugares donde las sequías de las últimas décadas han reducido la superficie del lago Chad, antes suministrador de agua a varios países, de una manera espectacular. En medio siglo ha pasado de 25.000 kilómetros cuadrados a poco más de dos mil. Se han perdido muchas cosechas y miles de personas se han quedado sin trabajo y se han convertido en presa fácil para los grupos yihadistas que se han asentado en la zona en los últimos años. En Nigeria, también en la zona, campan a sus anchas los temibles mercenarios de Boko Haram, de triste recuerdo por el secuestro de varios centenares de niñas con el objetivo de convertirlas al islamismo más radical.

También en Siria, donde la guerra ha coincidido con una persistente sequía, algunos informes concluyen que la desesperación y la falta de salidas han contribuido a que muchos jóvenes enfadados con la inactividad del gobierno de Damasco hayan acabado en las filas de Daesh. Existen ejemplos similares en Afganistán y, mucho más lejos, en Guatemala, donde en lugar de yihadismo hay bandas muy violentas que han sembrado el país de cadáveres.

Calor y disturbios

Las altas temperaturas y el acceso al agua han sido fuente de conflicto durante años. Antes de que el cambio climático tomara tanto protagonismo ya se relacionaron con el calor excesivo y anormal, por ejemplo, los disturbios raciales desatados en barrios de Londres como Brixton y algunos lugares de Estados Unidos. Y el anterior rey de Jordania, Hussein, advirtió a Israel antes de firmar la paz que por el agua estaba dispuesto a lanzar a su país a otra guerra.

Los parámetros son distintos ahora y es fácil caer en la tentación de relacionarlos: cambio climático y yihadismo. Pero es que, además, hay informes serios que lo hacen. Uno de ellos, encargado por el ministerio de Asuntos Exteriores alemán al think tank Adelphi como preparación al G-7 de 2015, concluye que "el cambio climático es una amenaza global para la seguridad internacional".

Si a  sociedades con conflictos latentes o a países pobres y con gobiernos fallidos se les añade una población que se queda sin trabajo a causa de las sequías, las actuales y las que están por venir, el resultado puede llegar a ser de una desesperación tan grande que no resulta extraño que el presidente francés haya vinculado cambio climático y yihadismo.

Por suerte solo será una pequeña parte, pero por desgracia esa misma situación puede llegar a afectar a millones de personas que, como advierte la canciller alemana, intentarán buscar una tabla de salvación en Europa. Y Trump sin enterarse.

 

Jesús Martín es periodista.