Cataluña

El día en que el hijo de Jordi Pujol saltó al estrellato

Junior compareció en el Parlament sin dar ninguna explicación de la herencia del abuelo y sí una lección de cómo hacer negocios de éxito

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Mié, 26 Abr 2017

Jordi Pujol Ferrusola tenía dos años cuando su padre fue detenido en la madrugada de un domingo de mayo de 1960 por la policía política del franquismo como sospechoso de haber redactado una octavilla denunciando la corrupción del general Franco. Su recuerdo de aquel episodio habrá sido conformado por su abuelo Florenci durante los muchos paseos por la ciudad del padre de Jordi Pujol con su nieto preferido. El primogénito del ex presidente de la Generalitat fue toda una leyenda de empresario de éxito durante el largo mandato de padre, pero casi nadie era capaz de identificarle por la calle, hasta que se presentó al gran público en febrero de 2015 en una comisión de investigación del Parlament como gestor del dinero que el abuelo Pujol había dejado a sus nietos en Andorra.

Desde aquel día, Júnior, como le conocen sus amigos, ha sido requerido continuamente en los juzgados por sus múltiples negocios sospechosos de ser tapaderas de blanqueo de dinero y evasión fiscal y por su supuesta condición de jefe del clan Pujol en su acción para enriquecerse. “Primero hablaré con el juez” les dijo a los atónitos diputados de la comisión investigadora sobre fraude fiscal y corrupción política para advertirles de su intención de no entrar en detalles sobre el origen de la herencia del abuelo Florenci ni de sus viajes a Andorra para depositar enormes cantidades de efectivo, revelados por su amiga, María Victoria Álvarez, a la líder del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho, en un almuerzo en La Camarga, convenientemente grabado y divulgado.

Para compensar el disgusto por estos silencios, Pujol Ferrusola obsequió a los diputados con la cinta original de la conversación y les ofreció una lección de cómo hacer negocios en todas partes sin más estructura que su ingenio y su carácter emprendedor. El supuesto lobo solitario de los negocios se presentó como un hombre del Renacimiento que trataba sobre muchas cosas sin ser especialista en ellas, como lo diputados, les dijo, pero sobre todo como un empresario alejado de la política, siguiendo el consejo de su abuelo: “la política puede hacer mucho daño a la familia”.

El joven Pujol, mientras era una sombra para la mayoría de los ciudadanos, aprendió de negocios en la empresa Tipel de Lluís Prenafeta, secretario general de la Presidencia con su padre y ahora confeso de haber cobrado comisiones por obras públicas, y forjó su amistad con Artur Mas, del que afirmó estar seguro de que se le pondría al teléfono cuando fuera necesario, dada la estima y el aprecio mutuo que se dispensaban. A los pocos días, Mas rebajó algo la intensidad de su amistad.

En su master acelerado sobre negocios en el siglo XXI admitió haber cometido el error de no haber creado un potente bufete de abogados, al estilo de ex políticos muy conocidos a los que no citó. Todos los presentes entendieron la referencia a Miquel Roca, a quien Junior había combatido en su juventud militante hasta hacerle caer como líder alternativo a Jordi Pujol. Les explicó algunos de sus negocios en el extranjero, pero aseguró no saber nada de las operaciones en los paraísos fiscales que se le atribuían. Aquel día, la versión dada consistió en cargar toda la responsabilidad a su banco por haberlas efectuado sin su conocimiento.

Del dinero del abuelo Florenci legado a su padre y gestionado por él (el origen inmediato de todas las sospechas sobre el clan familiar) se limitó a decir que nunca había salido de España porque nunca había entrado en el país. El hereu Pujol culminó su autohomenaje como hombre hecho a si mismo y ahora perseguido por ser hijo de quien era, alardeando de sus lujosos coches de coleccionista comprados a precio de ganga para subrayar su habilidad para los buenos negocios. Luego abandonó la sala sonriente y satisfecho. Ningún diputado consiguió ensombrecer su dominio del escenario ni contradecir su discurso de exitoso dinamizador de operaciones ventajosas. El juez cree que desde aquel día hasta la fecha de su ingreso en prisión siguió con el blanqueo y la evasión fiscal para crear una insolvencia sobrevenida y así salvar su patrimonio y sus coches.  

 

Jordi Mercader es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona.