'Y, por si fuera poco, a Clarita le gusta ejecutar y practicar la buena música'.
opinión

Entretiempos (carta abierta a mi nieta Clara)

‘Espero que se cumplan tus expectativas vitales y las de tu generación porque, en caso contrario, puede que para entonces todos os hayáis hecho de Podemos’

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Dom, 19 Mar 2017

Parece que fue ayer cuando me hicieron abuelo por vez primera, hace ahora trece años, bueno, doce más uno, como dirían los supersticiosos o los disconformes con la edad. El caso es que en 2004, por estas mismas fechas, cuando los atentados de Atocha andaban en plena ejecución y los resultados inmediatos estaban conmoviendo al mundo y al país, excepto a Aznar, me vino, bueno, me trajeron al mundo a mi primera nieta y le pusieron Clara. Era rubia, de ojos azules y piel muy blanca, carnes prietas y mirar prudentemente limpio y esperanzado, un poco tímida, eso sí, como si pidiera paso a la vida sin querer molestar a los demás por saber que la vida no es solo suya ni para sí, sino más bien de todos y para todos. Parece que fue ayer cuando brindé por ella y por su futuro de mujer empoderada del siglo XXI y del tercer milenio desde el periódico, entonces de papel impreso, en el que colaboraba semanalmente y hoy, que ya andamos por los andamios digitales de la nube esa, propiedad del Tío Trump y de su CIA, vuelvo a festejar públicamente su casi catorce aniversario y celebro verla tan guapa, tan mujer y tan juiciosa, como se decía antes de una chica de provecho que andaba entrando en edad de pollear y le estaban creciendo las tallas sin que los demás hubiéramos podido apercibirnos de que ya, en estos entretiempos, se había convertido en una mujer.

Y, por si fuera poco, a Clarita le gusta ejecutar y practicar la buena música, el ritmo y las cadencias, el ton y el son, el compás y las melodías y puede que haya heredado de su abuelo materno el interés por el uso de su lengua y el saber que esta sirve hasta para hablar... Y hay que ver cuánto llevamos ya vivido entre los dos, en este primerizo siglo XXI y en este pajolero mundo: primero, la 1ª y 2ª Guerras de Irak, con la consiguiente reacción norteamericana a la invasión iraquí; luego, la ración, en nuestras pobres carnes y en las de los también pobres islamistas; después las posteriores y sucesivas raciones aliadas, cuando ya han desaparecido de la escena internacional las madres del cordero y el cristo que los fundó en la foto de las Islas Azores, Siria, Turquía, Irak.

No estoy seguro de si Clarita sabe, o al menos sospecha lo que para todos puede llegar a significar la reciente aparición de Donald Trump en el panorama político mundial, pero me imagino que, al menos, lo vislumbra, porque las mujeres son para estas cosas más perspicaces e intuitivas que los hombres y ese tal Trump es un fachendoso que no debe agradarles mucho en vista de cómo las trata.

Y como además la vida corre a lomos del tiempo que es una barbaridad, pronto nos echará su pulso encima y, antes de que queramos darnos cuenta, estaré escribiéndole a Clarita otro artículo para celebrar su graduación, su emancipación y su emparejamiento o lo que sea y su maternidad, con la felicidad que me producen esas cosas y el orgullo que siento de ella por alcanzarlas mucho antes de lo que ahora nos parece y mientras, yo pronto estaré criando malvas y viviré ya solo en la memoria de quienes me trataron y me hayan querido, y espero que sea en paz y que mi trabajo y mi existencia hayan contribuido a que los demás disfruten la suya largamente y entonces suban sus reflexiones a la Nube y allí volvamos a encontrarnos y todo sea como un paraíso de Bill Gattes.  Amén.

Y hay que ver lo relativas que para entonces se habrán vuelto las cosas que ahora tanto nos inquietan, como el que Susana Díaz haya ganado las Primarias en el PSOE y sea la primera presidenta de la Democracia, o que Sebastián Pérez haya podido cumplir las promesas amenazantes que ha hecho llegar a Juan García Montero, el hermano concejal pepero disidente de mi compañero y sin embargo amigo Luis... Aunque visto lo visto y en relación con lo mucho que se juegan, si las miramos bien, acabarán siendo tan pequeñas comparadas con el hecho de que se cumplan tus expectativas vitales y las de tu generación en el mundo entero, porque, en caso contrario, puede que para entonces todos os hayáis hecho de Podemos. No somos nadie, Clarita, mi niña, y menos los presentes pasados, comparados con los muchísimos presentes futuros que esperáis y esperan turno al pie del cañón y apoyados en el quicio de su casa un día... como decían, para no usar el término mancebía, las flamencas miedosas de la censura franquista.