Pablo Iglesias y Ada Colau durante un mitin en Barcelona. EFE
Pablo Iglesias y Ada Colau durante un mitin en Barcelona.
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Ada Colau a Pablo Iglesias: “La única que ha hecho el ‘sorpasso’ soy yo”

Muchos dicen que tras el 26J poco o nada ha cambiado. No es así con respecto la alcaldesa de Barcelona que quiere mucho más

Mar, 28 Jun 2016

En la primera conversación telefónica que mantuvieron Pablo Iglesias y Ada Colau, tras saberse que Podemos no conseguía superar ni en votos ni en escaños al PSOE, el primero deslizó una velada alusión a que el asunto del referéndum catalán podía haber tenido cierto peso en el mal resultado. Colau le habría contestado “Pablo, aquí la única que ha conseguido el sorpasso a los socialistas soy yo”. Y tiene razón, aunque, como todo en política, no la tenga toda.

El PSC, que han resistido el embate con una más que discreta candidata, Meritxell Batet, de la escuela de Narcís Serra, no atraviesa su mejor momento. Sabido es que las elecciones, salvo las autonómicas, las ganaba siempre el socialismo en Cataluña. Lejos de aquellos tiempos en que los mítines en la plaza de toros de La Monumental con Felipe González o en Santa Coloma con Alfonso Guerra se llenaban de votantes, Barcelona y el antes llamado Cinturón Rojo se han teñido de color morado. Y no es mérito de Pablo Iglesias. Los que han dado la vuelta a la tortilla se llaman Xavier Doménech y Ada Colau. Moviéndose en la ambigüedad con respecto al tema catalán y prometiendo de todo menos duros a cuatro pesetas, la gente les ha comprado la moto. Es lógico que Pablo esté de los nervios. Como dice la copla “Los celos son carceleros”.

Sorpasso a la catalana

En la ciudad de Barcelona, los morados se han impuesto en todos los distritos, menos en Les Corts y Sarrià-Sant Gervasi, en los que han ganado respectivamente el PP y CDC. En todas las ciudades del Área Metropolitana, también han ganado inapelablemente. Incluso en aquel bastión del socialismo que parecía inexpugnable, L’Hospitalet de Llobregat, lo suyo ha sido un paseo triunfal. Y Colau está que se sale. Cree que, apoyándose en ése éxito, en que el PSC pinta poco, en que el independentismo está al límite de su techo de votos y no alcanza masa crítica y en que PP y Ciudadanos no son demasiado problema, aspira a ser visir en lugar del visir, como el Iznogoud de los tebeos.

Porque la alcaldesa de Barcelona es ambiciosa. Esto, en política, no es demérito, al contrario, pero sabido es que los doses ciegan primero a aquellos que quieren perder. Malas lenguas aseguran que los socialistas la adulan y le dicen que ojalá ella estuviera al frente de Podemos, porque ya habría habido gobierno con Sánchez. Si non e vero, e ben trovatto. No cuesta mucho imaginarse a Miquel Iceta, primer secretario del PSC, diciéndole lindezas semejantes con una cara de inocencia angelical. La pregunta del millón, sin embargo, es ¿y qué quiere ser de mayor Ada Colau?

Todo el poder al soviet

Así bromeaban la noche electoral los de Podemos, antes de conocerse los resultados que deshincharon sus expectativas. Bien, pues ahí se resume el programa de Ada Colau. Ha planteado su carrera política con mucha inteligencia, igual que el alpinista que quiere llegar a la cima. Por etapas. Después de haber consolidado su imagen de madre coraje como líder activista en la Plataforma Anti Desahucios (algún día habrá que explicar cómo el partido comunista ha ido fabricando líderes en muchos sectores, incluso en el periodístico), su llegada a la alcaldía fue más por demérito de los otros partidos que por méritos propios. La oposición, cainita como todo en la política de éste país, impidió frenar a quien, en realidad, no obtuvo un gran resultado. Ha pasado un año largo desde entonces y su obra de gobierno está todavía por conocerse, más allá del postureo, colgar pancartas, desgobierno y tener que pedir auxilio al PSC barcelonés para que le preste know how y votos. Pero ella está tan campante, porque sabe que la gente de la calle necesita más estampas que pan y, otra cosa no sabrá, pero a la hora de vender humo es única.

Una vez consolidada esta fase, ya ha anunciado la intención de crear una nueva “confluencia” de fuerzas políticas y plantar el asalto a la presidencia de la Generalitat. Y, con los números en la mano, no dice ninguna tontería. Podría. Ahora bien, en las elecciones catalanas, que muchos creemos que serán antes de final de año porque a Puigdemont no le salen los números ni de los presupuestos ni de la aritmética parlamentaria, si da el salto y sale presidenta ¿alguien cree que se parará ahí? No. Colau quiere ir a Madrid, pero no como ministra. El ejemplo de la cuota de “ministros catalanes”, mantenido secularmente a través de diferentes regímenes políticos (como el inefable Gual Villalbí al que siempre iban a despedir y recibir a la estación “las autoridades civiles, eclesiásticas y militares” y del que se decía que con Gual o sin Gual, es igual), a Colau no le mola nada. De ministro florero, ni hablar. Aspira, sí, lo han adivinado, a la mismísima presidencia del gobierno, aunque ahí tiene un par de pequeños inconvenientes: el primero se llama electorado y el segundo Pablo Iglesias.

Pero como sea que la alcaldesa tiene paciencia, no le viene de aquí. Mientras tanto, lo mismo le da haber votado “Sí-Sí” en la consulta acerca de la independencia y haber tildado a los socialistas barceloneses de mafia que decir ahora que la consulta ha de existir, pero para no irse, y gobernar con el PSC. Todo el poder al soviet. Y no se hable más.